Estrés

Cuando hablo de estrés suelo usar como metáfora la conducción. Lo adecuado para la buena salud de un coche es cambiar la marcha de acuerdo a la velocidad que podemos llevar en cada momento, a las revoluciones del motor…

El estrés es conducir con una aceleración mayor a la necesaria, como si fuésemos en segunda queriendo alcanzar los 120 Km/h. El resultado es que el motor sufre, consume más gasolina, emite más residuos y hay más posibilidades de que se averíe. Nuestro motor es el corazón.

El estrés es una situación de alarma para provocar reacciones de huida y de ataque, pone a todo el organismo en tensión y a todos los sentidos, que están en alerta. Pero está diseñado para una eventualidad o circunstancia ocasional, no para que actúe de forma constante.

En nuestra vida diaria tenemos situaciones que realmente son muy estresantes, y que requieren esa demanda extra de esfuerzo vital, pero si eso lo hacemos de forma continua, acaba produciendo problemas de distinto tipo en nuestro organismo, desde hipertensión a problemas cardiovasculares, ansiedad, agotamiento… Este es el estrés nocivo.

Sería bueno poder distinguir entre velocidad y aceleración, con mucha frecuencia por querer ir más deprisa lo que hacemos es acelerarnos, pero eso siempre se traduce en una pérdida de efectividad y un mayor agotamiento tanto físico como psíquico.

No todas las personas reaccionan igual antes las mismas situaciones estresantes. De acuerdo a ello se clasifican en tres tipos:

TIPO A: “No tengo Tiempo”

–   La vida es una batalla que hay que vencer.

–   Todo se hace a contrarreloj, es una carrera  constante con el tiempo.

–   El límite de tolerancia para los errores es casi cero, por eso la exigencia siempre es máxima.

–   Cualquier situación se vive al límite, en una emergencia constante.

El estado de alarma permanente somete al corazón a un castigo incesante, generando patologías cardiovasculares.

TIPO B: “Total…..¿para qué?”

–  Modelo de aceptación negativa

–  Las cosas suceden, no parece que pueda hacer nada para incidir sobre los resultados de las acciones.

–  Nada de lo que se hace parece dar los resultados apetecidos.

–  No percibe lo que tiene porque siempre está pendiente de lo que falta.

–  Aparenta una falsa tranquilidad.

Este tipo tiene tendencia a caer en estados depresivos, enfermedades degenerativas y envejecimiento prematuro.

TIPO C: “Aprecia y disfruta la vida”

–  Por lo general se propone disfrutar de la vida, sabe que no es fácil,  pero aspira a ello.

–  No espera de los demás la comprensión.

–  Ayuda a otros sin esperar a cambio lo mismo que da.

–  Confía en sí mismo y no vive de la aceptación ajena.

–  Disfruta de la compañía de los demás.

–  Aprovecha la vida, sabe que hay sufrimientos y alegrías.

Confía y no responde desaforadamente ante todo tipo de estímulos. Las fases de alarma se reducen y el cuerpo resiste, conservando la capacidad de actuar con la proporción que cada momento requiere.

Podemos aprender a generar un tipo de reacción más cercana a la personalidad C, incorporando algunos cambios que se pueden ir estableciendo de forma progresiva, para que así, quede bien implementados en la nueva forma de respuesta.

Siempre es bueno aprender técnicas de relajación, meditación y de control mental. Con el asesoramiento de un profesional que facilite todo ese proceso.

La salud es nuestro tesoro que tenemos que cuidar, de la misma manera que llevamos el coche a la revisión anual, porque no invertir en esa transformación que te llevará a tener una respuesta sana ante las diferentes velocidades que nos impone la vida.

El cuerpo es nuestro único coche, cuídalo para que disfrutes conduciendo.

 

 

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1 Comentario

  1. Esperanza dice:

    Genial… lo envío a otras personas, seguro que les interesa.

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