Felices Fiestas ¡o no!

A medida que van pasando los años, cuando llegan estas fechas ya no sabes muy bien que hacer, si felicitarlas u omitirlas.

La respuesta de la gente es variable, hay a quien le siguen encantando estas fiestas y hay quien las aborrece y también conviven ambas en una misma persona.

Tener o no tener pequeños en casa influye bastante en cómo vivimos estos días. Los pequeños viven estas fiestas con muchos misterios en los que participamos los adultos, creándoles un mundo de fantasía e ilusión, un mundo donde puedes hacer que tus deseos se hagan realidad, un mundo donde se cree en seres que se encargan de cuidarnos y donde se premia el buen comportamiento, un mundo en el que todo son buenos deseos llenos de paz y amor. Eso lo hacemos por los pequeños pero al hacerlo, de alguna manera, nos impregnamos, aunque sea solo un poquito, de todo ese espíritu deseando que fuese realidad y nos permitimos también soñar.

Para conocer de forma científica que se opina realmente de todo esto, Suchard ha realizado un estudio entre 1.500 personas, la mitad hombres y la otra mitad mujeres, mayores de 18 años, así podemos encontrar:

  1. El fiestero: la Navidad es otro periodo festivo y una oportunidad para pasarlo bien. Les da igual la motivación de esta fiesta, no se vinculan mucho con ella, sino solo con el hecho de ser festivo.
  2. El familiar: donde lo importante son las reuniones y los encuentros con familiares o amigos.
  3. El protestón: solo ve lo negativo, el consumismo y la hipocresía, se ve obligado a relacionarse y a los encuentros pero solo ve las desventajas.
  4. Los nostálgicos: que se identifican con el espíritu navideño pero no lo disfrutan porque piensan en los que no están, dejando de prestar atención y hacer importantes los que si siguen presentes.

 

Otro factor importante que nos hace que vivamos estas fechas de forma diferente es el económico, se ha ido transformando en días de mucho consumo, entre las comidas especiales y los regalos. Para paliar un poco tanto gasto se está instalando, cada vez en más familias y grupos, la del amigo invisible, donde se sortea entre todos los miembros de manera que todos reciben un regalo (del mismo valor económico), pero cada uno solo tiene que comprar uno. Puede ser una buena alternativa, minimizamos los gastos y seguimos siendo receptores de un regalo.

Lo ideal sería que nos pudiéramos situar en un término medio, coger las cosas buenas, poder disfrutar de cada momento, brindar unos instantes a los seres queridos ausentes y poder poner la atención en los que sí están, para así crear nuevos recuerdos.

Sea como sea, tanto si te gustan o no, estas fiestas, mi más profundo deseo es:

 

 

 

 

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